ESMOQUIN 2. UN AÑO DESPUÉS
Dirección: Arturo Fernández Autor: Santiago Moncada Intérpretes: Arturo Fernández, Fabio León, Amparo Climent y Paula Martel.
GENIO Y FIGURA...
“Arturo Fernández se ha convertido en un prototipo, –Ha manifestado el autor de este montaje- En un actor de comedia original, exclusivo e irrepetible”... Tal vez, esa singularidad nace de la inexistencia de dos “Arturo Fernández”. No puedo asegurar si “el Arturo” de “Esmoquin 2” es un buen actor; entre otras cosas, porque el personaje que habla sin parar, de forma estridente y casi histérica, es el mismo Arturo Fernández que, hace algunos años, veíamos en la televisiva “La Casa de los Líos”; por esta razón, me encuentro en un desierto, en el que las palabras para calificar esta obra de teatro se tornan perezosas, inservibles e inútiles... ¿Estoy hablando, a caso, de teatro?- Me pregunto. Santiago Moncada lo ha tenido francamente fácil; más aún, cuando la imaginación del veterano intérprete se apodera de un guión, de inicio, mutilado. La historia no podía ser más costumbrista: Dos maduros caballeros, no pueden vivir sin sus esposas, madres, amantes y amas de casa (El machismo es el quinto en discordia). Ellas, de un modo increíble y absurdo, aparecen y se cuelan en sus “ex casas”, les dan un susto a sus “ex maridos”, se ríen de sus inocentes “trolas”, los perdonan y terminan bailando al ritmo de un inmejorable Nat King Cole. Hasta aquí, podría valer y acudiríamos al archiconocido argumento de “la falta de imaginación de los autores españoles” (argumento falso, por otra parte) pero, tal vez, un autor escribe en relación a la materia prima con la que cuenta y en “Esmoquin 2” no es mucha. Arturo Fernández, interpreta a Arturo Fernández; Amparo Climent desconoce la naturalidad, la calidad y los matices interpretativos, abrazándose descaradamente a la pose fácil, de mal gusto y propia de una pésima actriz que se cree una “star” cuando de “eso” no tiene ni el brillo. Fabio León, junto a “su pareja”, Paula Martel, son “Los Actores” de este montaje, sin más pretensión que apagar la sed de los “fans” incondicionales del galán trasnochado y pasado de moda. “Esmoquin 2. Un año después” no es más que eso. Dos horas de “Arturo Fernández” elevado a la enésima potencia. En primer lugar porque la compañía es suya; la dirección es suya... Y la escenografía, tal vez no, pero bebe de un rancio costumbrismo que, por otra parte, es del conservador gusto de un público entregado. En segundo lugar, porque el guión o el argumento, como prefiramos nombrarlo, esta “esquematizado”, que no escrito, para el Señor Fernández. El trío restante sigue a un líder deficiente y excéntrico. En tercer lugar, porque no hay más pretensión que la de mantener el nombre y la figura de un caballero de la antigua escuela que, cuando no comulga con la broma fácil y grosera, resulta encantador. Doble dosis pues, de un Esmoquin que a nadie podría sentar mejor... Salvo cuando esa prenda se viste sobre un escenario.
Sofía Basalo.
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