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Jaime Romo obtiene el premio Lope de Vega de Teatro 2005 con ”Demasiado Humano”. La Compañía Traspasos la lleva a escena.


Friedrich Nietzsche es el poeta de la filosofía. Uno de los grandes pensadores del que no se ha conocido demasiado. Su trayectoria profesional y personal bien daba para convertirse en un montaje teatral que mostrara alguna de sus facetas. Jaime Romo filósofo y dramaturgo ha sido el artífice de este proyecto que nacía hace tres años, bajo el título de “Demasiado Humano” Premio Lope de Vega de teatro 2005. Un bello texto que nos acerca a un mundo apasionante y apasionado, del que hemos hablado con el propio autor:

Pregunta: ¿Por qué Nietzsche y por qué “Demasiado Humano”?

Jaime Romo: Yo creo que “Demasiado Humano” surge un poco como si fuera un tributo a Nietzsche, porque estudié filosofía a parte de haberme colado en el periodismo y haber hecho periodismo en Radio Nacional y en otros muchos sitios, pero creo que casi desde que estaba en la universidad, la figura de Nietzsche me aparecía como especialmente atractiva y, entonces, esa especie de fascinación que tiene el personaje de Nietzsche, de algún modo, se cuela dentro de mí y tengo como una especie de deuda a pagar con él, porque su personalidad era muy anticipada a todo lo que es la filosofía contemporánea. Nietzsche seguro que, todo el mundo, más o menos, está al tanto, diferenciaba entre lo apolíneo y lo dionisíaco; y lo dionisíaco es el gozo, el carnaval, la fiesta... ¿Quién no quiere o quién no tiene, de vez en cuando, el cuerpo para fiestas...? Bien, pues de lo bien que nos lo podemos pasar en las fiestas o de vez en cuando... pues, seguro, algo tuvo que ver Nietzsche en quitarnos un poco las represiones propias de una cultura excesivamente racional.

Pregunta: En la obra, ¿Qué parte es propiamente filosofía y por tanto real, y qué parte es ficción. Podemos quedarnos con cada una de las palabras que corresponden al personaje del filósofo?

Jaime Romo: Claramente no. Evidentemente Nietzsche existe, nace y muere en los años que pongo en la entradilla del libro, pero por ejemplo, el contrapunto emocional de ese Nietzsche encerrado, que sí que estuvo encerrado... es Alvina y quién es; una tata deliciosa, una octogenaria que en Nietzsche ve un poco el hijo que no pudo tener, entonces, ese personaje es totalmente ficticio. Seguramente en la vida de Nietzsche hubo muchísimas tatas, muchísimas yayas, cuidadoras... por no llamarlo esclavas que en aquella época y en determinados niveles de un determinado standing burgués, muy probablemente no creo que trataran a las empleadas que cuidaban a los enfermos como trata Nietzsche a su tata, con la que tiene una relación casi fraternal deliciosa y que es lo que hace especialmente atractiva la obra y lo que hace que la gente llore y llene el teatro como lo está haciendo...

Pregunta: También creo que uno de los puntos atractivos e interesantes de esta obra es la belleza de las palabras y quizá, uno de los mayores logros es acercar la filosofía al espectador. Alejarla de esa imagen densa y pesada... pues hasta la persona que no ha leído a Nietszche o no lo conoce demasiado acaba asimilando sus palabras e incluso sus conceptos...

Jaime Romo: Claro, ésa era mi principal preocupación, porque no quería hacer ni teatro para filósofos ni tampoco quería hacer teatro para actores, teatro para artistas o teatro para famosos, quería hacer teatro para la gente, un teatro que lo entendiera Paco, el jardinero de mi urbanización que es un tío encantador que no es un tipo que haya tenido oportunidades de acceso cultural pero que es una buenísima persona y que lo ha visto, porque por supuesto que lo he invitado y me dijo “muchísimas cosas no las entendía pero casi lloro cuando...” pasa lo que pasa... Es muy correcta esa apreciación, porque yo lo que quería era hacer un teatro para la gente, para jóvenes, viejos, para las abuelas y para todo el mundo... y de hecho se observa en el teatro, y es delicioso, que a lo mejor junto a alguien que va con siete piercings hay unos señores de setenta años y están igual de emocionados unos que otros, porque he entendido y he querido que, o creo que las emociones son para todo el mundo. Todos, en el fondo, somos mejores personas de lo que muchas veces, o a lo que muchas veces nos conducen determinados ámbitos de poder...

Pregunta: Querías hacer teatro para todo el mundo... tal vez, ¿hoy en día no se hace teatro para “todo el mundo”?

Jaime Romo: A veces sucede eso que los creadores o los escritores o los autores o incluso, los mismos actores, estamos demasiado pendientes de demostrar nuestras habilidades y entonces, se nos olvida que el vehículo comunicativo del teatro es la emoción y es la verdad y entonces, el que salga un actor endiosado en sí mismo, mirándose el ombligo, él a sí mismo o el que los textos demuestren una virtualidad y un poderío fantástico, pero se alejen de lo que son las emociones y las preocupaciones... porque en el fondo todos queremos que nos quieran, querer, queremos que la vida sea más agradable de lo que es... en general, tanto si la vida es agradable como si es desagradable... y entonces, creo que en algunos momentos puede suceder eso y es uno de los riesgos a los que yo me enfrentaba cuando creaba el papel... también, entre otras cosas porque yo soy profe de filosofía y podía haber hecho una obra para profes de filosofía... con lo que ese riesgo yo mismo... intenté luchar contra él y evidentemente la tijera de podar, en más de una ocasión, hasta que el trabajo salió como yo quería y hasta que lo presenté a un premio que, gloriosamente, no tiene ninguna manipulación porque si la tuviera no me lo habrían dado, directamente... pues en contra de mi escepticismo... decía un clásico “yo antes era escéptico, pero ahora no estoy seguro”... en contra de mi escepticismo, tuve la deliciosa sorpresa de que en pelea con títulos de gente consolidadísima y gente conocidísima, pues que mi obra que yo había escrito con el corazoncito, básicamente, pues le dieran el premio Lope de Vega... y a partir de ahí, la cosa fue casi casi rodando sola, porque había muy buena impresión sobre el asunto.

Pregunta: Creo que también ha sido ayudante de dirección de esta puesta en escena, elaborada por la compañía “Traspasos”...

Jaime Romo: Sí, y ¡qué suerte he tenido! Te digo porque muchas veces el riesgo que se corre en una obra como ésta, es que se monte con una escenografía paquidérmica, grandilocuente, inmensa y que precisamente ese mismo golpe escenográfico aleje de lo que es “lo fundamental, lo que está pasando”, dicho así, todo entre comillas... ese riesgo hace que la obra pueda ser importantísima pero también hace que la obra no pueda moverse en circuitos en los que mover una obra de teatro con una escenografía de toneladas o con diecisiete plataformas hidráulicas que salen o con Nietzsche saliendo colgando de... una luz hidroneumática... yo que sé... todas esas cosas, lo que hacen es alejar, pienso y pensamos, y en ese sentido cuando ya tenía muy maduro a quién quería ceder los derechos para intervenir en el montaje era a la compañía Traspasos, con la que ya he trabajado antes, pues fue una delicia y no quiero dejar de decir que sin la finísima y estilizada y casi minimalista manera de dirigir de Mikel Gómez de Segura, que es el director de este montaje, sin ese trabajo a la limón que hemos hecho entre los dos, pero básicamente sin su percepción de que el actor debe ser habitado por el personaje y no al revés, no el personaje por el actor, esa mano maestra de Mikel quiero dejar constancia de ella aquí.

Pregunta: Un matiz creo importante. Quizá hoy en día no se tiene demasiado en cuenta eso y se recurre a esas escenografías grandiosas porque es difícil que un actor se deje habitar por un personaje...

Jaime Romo: Claro, y yo creo que, de algún modo, a veces las escenografías son parte de la desconfianza por parte de quien está haciendo el montaje, desconfianza hacia el texto o hacia la posibilidad de que las emociones sean tan densas que no necesiten escenografía... en esta obra la escenografía es absolutamente minimalista. Hay unas pirámides de metacrilato que sirven para lo que tienen que servir y que se mueven de manera fácil entre, hay que tener en cuenta que hay trece cambios de escena, lo que no es habitual en una obra... y entonces la obra discurre en el dormitorio de Nietzsche, en el salón de la casa de Nietzsche, en el patio de la universidad... y entonces, esos cambios tan rápidos se podrían hacer o bien con una maquinaria absolutamente inmensa y casi inmóvil e hiciera inviable que la obra estuviera en otros sitios más que en el Teatro Español o en el María Guerrero o en algún sitio así... entonces, la elección fue esa, que la obra pudiera servir para el Teatro Español pero también para llevarla como está corriendo, por todo el país.

Pregunta: Hablabas de ese premio, el Lope de Vega 2005 para tu obra “Demasiado Humano”... ¿Qué ha supuesto para ti y cómo va a repercutir en tu futuro profesional, dentro del teatro?

Jaime Romo: Simplemente la palabra premio tiene una resonancia, digamos, casi inmediata para muchísima gente, yo sigo haciendo el mismo teatro que he hecho siempre, evidentemente vas perfeccionándote, intentando pulir más y en un momento dado, mira así, a título de anécdota, pues me suponía acordarme de cuando mi padre que en gloria esté, me decía “¿Sigues con el teatro?... sí hombre a ti te van a dar el Lope de Vega...” entonces, ahora de vez en cuando, miro una luz por ahí por el infinito y le digo “¿lo ves? Tengo el Lope de Vega, qué pasa”... y a parte de eso, me supone que los proyectos que hay que estar con ellos permanentemente, sigan en marcha y que de algún modo la puerta de entrada de esos proyectos sea más sólida, más importante, porque en definitiva, yo creo que si ya tienes un premio de esta categoría y haces una obra mediocre, la obra parece mejor que si no lo tienes, entonces, por un lado triste... pero es así... yo lo que intentaré es que lo que siga haciendo, tenga al menos, y va a ser difícil, la misma calidad que parece que en este proyecto, aunque sólo sea por la respuesta de la gente, ha tenido.

Pregunta: ¿Qué opinas del teatro actual, corren buenos tiempos para él?

Jaime Romo: Pues mira, fíjate, hay una cosa que yo creo que la televisión basura nos está haciendo un favor a la gente de teatro, porque al final la gente tiene tal hartazgo de televisión basura o de series basura o de esa manipulación permanente que hay, que va con verdadera ansiedad al teatro... si vieras la gente intentando conseguir entradas realmente enfadada porque no las consigue, ya sabes que hoy en día todo se vende por internet y con semanas de anticipación y automáticamente, el servicio este que hay de tele entrada o no sé cómo se llama... da “entradas agotadas para esta sesión” y la gente va por allí, por el Teatro Español y algunos con verdadero enfado... pues, yo creo que cuando tú aciertas con el teatro o con lo que la gente necesita o quiere o intentas hacer, al menos, un trabajo honrado y honesto... cuando lo consigues yo creo que sí funciona y que no corren malos tiempos o tan malos... por ponerte otro ejemplo “El Método Gronholm” se ha tirado años en el Marquina... y lleno... y no precisamente de gente... de los listos del teatro... gente normalísima que va a ver teatro como una experiencia más de su vida y que va a sentir que le cuentan una historia y que se la cuentan bien y que no le engañan...

Pregunta: Y como filósofo, ¿corren buenos tiempos para la filosofía, para el pensamiento?

Jaime Romo: Pues... yo creo que fatales... sí mira Nietzsche al final de la obra dice “Eso es lo que quieren de nosotros, que seamos idiotas felices, que no pensemos” ... de algún modo eso sucede... la filosofía en tanto en cuanto es una reflexión crítica sobre la realidad y en tanto en cuanto que el filósofo tiende a poder argumentar lo que dice para aquellos a los que precisamente no les gustan las argumentaciones sino que les gustan las sumisiones... la filosofía no es precisamente algo que les guste demasiado... por eso, en contra de lo que ahora mismo está pasando en los sistemas educativos de toda Europa, la filosofía ocupa ahora mismo, aquí, un lugar marginal y yo casi casi diría de lo que antes se llamaba en las asignaturas una “María” dentro del bachillerato... entonces, malos tiempos para la filosofía... pero curiosamente, una filosofía de ensayo, de pensamiento, tiene verdadero éxito, y si no que se lo pregunten a Fernando Savater y otra gente, al profesor José Antonio Marina... gente que publica permanentemente libros de contenido y de temática filosófica y que tienen unas tiradas que a lo mejor son superiores que el libro de las memorias de Carmen Sevilla...

Pregunta: ¿En esta realidad hay mucha gente con “sangre de rana”?

Jaime Romo: (risas) Especialmente aquellos que lo que hacen es apuntarse a la sumisión en lugar de apuntarse a la sangre hirviendo que es la sangre del superhombre, la sangre de la voluntad de poder... pero fíjate que cuando Nietzsche habla del superhombre o de la voluntad de poder... no se refiere al superhombre como dominador de los otros... sino el superhombre interior, espiritual; el superhombre que encuentra que su vida es lo único que tiene y que, en ese sentido, no se somete absolutamente a nada... y entonces pasa por las tres fases de las que hablaba Zaratrusta, que son “Camello” que es la fase de la pesadumbre, del sufrimiento; “León” que es la fase de la conquista y la fase de la suprema libertad del individuo “niño”... los niños juegan con suprema libertad y Nietzsche en el fondo quizá fue un niño que quería tener superpoderes, pero unos superpoderes que lo llevaran a que su vida no estuviera regida por nada en especial... y curiosamente, fíjate, es casi una especie de paradoja, gracias a Dios, Nietzsche consigue con la muerte de Dios pasar a la posteridad...

Pregunta: ¿Tenemos demasiado miedo para llegar a esa tercera fase, para llegar a ser “niños” completamente libres... con la responsabilidad que ello conlleva?

Jaime Romo: Claro... pero no sólo tenemos miedo, a veces tenemos miedos reales, porque si tú, como un niño no haces determinadas cosas... el aparato, el andamiaje construido que es un andamiaje sólido y fuerte y en el que hay mucha gente trabajando y hay tecnología... pues puede caer sobre ti de manera absoluta... a veces es, y yo a los alumnos a los que doy clase, se lo cuento, les digo, oye que lo que yo os estoy contando del componente dionisíaco no quiere decir que ahora nos vayamos todos de botellón... y no terminemos hasta el amanecer... o hasta que el “delirium tremens” caiga sobre nosotros... hay que tener un sentido de la medida en ese nivel, pero creo que para vivir una vida buena es preciso muchas veces quitarse de encima los miedos y darnos cuenta de que algo tenemos de superhombres y que en ese sentido, superhombres y supermujeres... la vida está con aquellos que se arriesgan algo... lo que pasa es que toda la estructura social nos conduce a que en la opción que de algún modo, vitalmente hay que hacer, que es elegir entre la seguridad y la vida o la libertad... pues toda la cultura nos lleva a elegir la seguridad... pero a veces la seguridad es aburrida...

Pregunta: Y merma nuestra libertad...

Jaime Romo: Claro... la libertad da miedo pero no se olvida... el problema es acercarse a veces a la libertad y vivirla... yo creo que lo que hay que mantener es una especie de equilibrio, casi en el sentido de lo que decía Ortega, hay que ser raciovitalista... ni excesivamente racional, que te alejes de la vida y que seas un amasijo de miedos y de cálculo y de previsión... ni tampoco ser excesivamente racional para terminar explotando como un energúmeno, furibundo, vociferante por las calles... en este sentido, es también lo que decía el filósofo Spinoza, “saber para prever y prever para proveer” es necesario saber, tenemos que prever lo que nos va a pasar... no podemos evitar ser racionales... tenemos noción del tiempo, sabemos que vamos a tener un futuro, una vejez, sabemos que vamos a tener hijos, nietos... no podemos escapar de esa tendencia... lo que pasa es que en el caso de Nietzsche... él era un extremo tan grande de llegar al abismo... en relación también con sus propios problemas físicos y mentales que creo que él fue una especie de adelantado a su propia biografía y probablemente a la nuestra también...

Pregunta: En un momento Lou Andrea le dice a Nietzsche “tú me alertaste sobre el engaño que encierran las palabras...” ¿Cuál es ese engaño?

Jaime Romo: A ver cómo te lo explico, Nietzsche decía que los conceptos falsean, engañan, y entonces muchas veces cuando eso se lo cuentas a alguien, pone cara de perplejo y se pregunta “qué querrá decir eso”... por ejemplo la palabra “manzana” parece que recoge en sí misma todas las manzanas posibles, cuando la realidad es que no existe una manzana que se corresponda con la manzana como concepto genérico... hay manzanas con gusanos, verdes, rojas, pequeñas, dulces, agrias... entonces, los conceptos engañan... y quien dice la palabra manzana... que sustituye a todas las manzanas sin poder hacerlo... porque realmente cada manzana es ella misma... la palabra fruta, fíjate... falsea a manzanas, peras y cualquiera ¿no?... y si vas avanzando en lo que son los conceptos... el concepto más abstracto de todos, por ejemplo, “el bien”... pues qué es el bien... el bien para quién... ¿para Mario Conde, para Teresa de Calcuta...? ¿Qué es el bien?... ¿Es lo mismo el Bien de Mario Conde que el de Teresa de Calcuta?... A eso se refería Nietzsche cuando decía que las palabras engañan y que por eso solamente con la vida, puede uno quitarse los calcetines del espíritu que era la siguiente frase que comentaban Nietzsche y Lou Andreas.

Pregunta: Otra de las frases que se pueden extraer de esta obra es “La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad” ¿Lo sigue siendo?

Jaime Romo: Pues me temo que sí... lo que pasa es que probablemente a lo que se refería Nietzsche es a que la crueldad en definitiva es como una especie de motor tecnológico... si no hubiera habido crueldad en las guerras, probablemente ahora mismo no tendríamos internet ni teléfonos... que seguramente surgieron para poder hablar de cómo poder bombardear al enemigo... La guerra, decía Heráclito, es madre de todas las cosas... es muy triste pero muy probablemente, ese deseo, esa pulsión de muerte que tiene el ser humano haya movido al desarrollo tecnológico... la aviación surge como la posibilidad de llevar una bomba lejos y dejarla caer encima del enemigo... el hombre, tristemente, es muy cruel... y luego hay gente fantástica que va intentando, iba a decir vamos intentando, vivir sin que la crueldad nos atrape...

Pregunta: Nos hablabas de que quizá este premio te va a facilitar la realización de próximos proyectos... ¿nos puedes avanzar algunos?

Jaime Romo: Sí, pero sin dar demasiados detalles porque en estos niveles dar muchos detalles gafa el proyecto... es una sátira y va a ir más por el tono de comedia, pero no una comedia de chistes para que la gente se ría... sino va a ser un espacio en el que van a suceder cosas que hagan que la gente no pueda sino reírse aunque a veces se les congele la risa porque piense que lo que está viendo es un espejo de lo que cotidianamente en esta sociedad tenemos que hacer todos...

Pregunta: Humor inteligente, pues.

Jaime Romo: Por ahí, por ahí...

Pregunta: “Demasiado Humano” ha estado poquito tiempo en Madrid... ¿La gira continúa?

Jaime Romo: Nada más terminar en el Teatro Español nos vamos a Valencia, después a San Sebastián, después Valladolid, Santurce... hasta diciembre, hasta finales de diciembre, ya está contratado... pero esperamos volver a Madrid en algún teatro donde podamos hacer temporada porque creemos que hay mucha gente que se ha quedado sin ver esta obra y nos apetece que todo aquel que la quiera ver, pueda hacerlo... hemos visto que desde el primer día que estuvimos en el Español empezó la cosa a moverse, el boca a boca a circular... y queremos volver, tenemos que volver...

Sofía Basalo.


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