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El Teatro Español y Alberto González Vergel se unen de nuevo para llevar a escena ”Las Brujas de Salem” de Arthur Miller.


El Teatro Español y el veterano director Alberto González Vergel han vuelto a unirse, gracias a Arthut Miller y “Las Brujas de Salem” un clásico contemporáneo que se adentra en la condición humana.
El curtido hombre de teatro habla de forma pausada, con intensidad y verdadero gusto por un arte con el que ha cumplido no ya las bodas de oro, sino las de platino.
Con Alberto González Vergel tuvimos la oportunidad de charlar, un domingo, a media mañana... éste fue el resultado:



Pregunta: Ha llevado a cabo la dirección y la versión del clásico de Arthur Miller “Las brujas de Salem”. ¿Cómo se ha desarrollado esta labor en la que se ha incluido un pasaje que por primera vez podremos ver sobre un escenario?

Alberto González Vergel: Exactamente. Hay un apéndice que Miller escribe después de la publicación de la obra y del estreno en Broadway. Ese apéndice, no tengo noticia de que se haya representado nunca, en los grandes montajes europeos de Bergman, Visconti, de Laurence Olivier... no se incluyeron, creo por un problema técnico que plantea, pasar de un interior a un exterior para unos siete minutos de duración. Eso planteaba un problema técnico que afortunadamente nosotros resolvimos antes, incluso, de conocer el apéndice, porque yo quería rescatar el final de la obra del guión del propio Miller y no el desenlace del drama.

Pregunta: Esta obra concluye con una escena realmente estremecedora, a John Proctor lo conducen en una carreta...

Alberto González Vergel: Exactamente, ésta es la parte de la película que yo he rescatado del guión del propio Miller, pero este desenlace no está incluido en la obra teatral...

Pregunta: En ese instante le dice su esposa “Ahora eres dueño de tu propia dignidad”... ¿El precio que hay que pagar por esa dignidad es tan alto, sigue siendo tan alto?...

Alberto González Vergel: Yo creo que es un problema y una cuestión eterna, por eso al ser incluida la condición humana en la obra de Miller le da la categoría de clásico. Es un texto clásico al ser aún un texto contemporáneo.

Pregunta: Dirigiéndonos a la escenografía, muy gráfica, también simbólica, Usted escribe en el programa de mano, que los árboles que vemos representan la vida que hay fuera...

Alberto González Vergel: ... De ese recinto tenebroso que es la sacristía donde se desarrolla todo el drama y la tragedia...

Pregunta: Esos árboles van muriendo a medida que en Salem se detienen a personas, las van ejecutando... Esos árboles se van quedando sin hojas...

Alberto González Vergel: Sí, quedan desnudos como invernales y cae la nieve para mayor congelación de la vida...

Pregunta: Un símbolo muy hermoso...

Alberto González Vergel: Pues sí. Es una metáfora que quisimos incluir en la puesta en escena.

Pregunta: Ha escrito que en la actualidad abundan los Salem dispuestos a gritar: ¡Brujería!... ¿No es tan preocupante o más que haya personas dispuestas a creer en los gritos de los Salem de hoy en día?

Alberto González Vergel: Exactamente. Eso es lo que le da el nivel y la categoría de clásico; puesto que es un tema eterno, de ayer, de hoy y de mañana, desgraciadamente.

Pregunta: ¿Dónde estarían hoy esos Salem...?

Alberto González Vergel: Yo creo que los Salem nos envuelven, nos acosan, nos preocupan porque están junto a nosotros. La intolerancia, los fundamentalismos de cualquier signo, excluyentes, tanto políticos como sociológicos como incluso literarios... están a nuestro lado y nos acosan constantemente...

Pregunta: Y quizá los acusados, las brujas, seríamos todos...

Alberto González Vergel: Pues, seríamos tachados de brujas los que no compartimos las ideas ni los pensamientos de algunos que al no compartirlos, nos mandan, nos llevan a la horca aunque sea metafóricamente. En la vida de hoy hay muchas maneras de ejecutar a un intolerante... por ejemplo, el silencio... silenciar al que no comparte las ideas con nosotros...

Pregunta: Ha comentado que es la naturaleza del ser humano, que tiene o padece la condición de la eternidad... ¿Qué sería necesario para romper esa cadena...?

Alberto González Vergel: Sencillamente, pienso, que alterar, modificar, cambiar la sociedad. La sociedad está apoyada en unos pilares viejos y por supuesto, que hay que destruir para que esta sociedad fluya de manera diferente a como nos condiciona hoy...

Pregunta: Sería, un poco, volver a comenzar... volver al principio... desaprender...

Alberto González Vergel: Sí, una sociedad limpia, diáfana, clara, cristalina... una sociedad que, desgraciadamente, no es la que compartimos...

Pregunta: Quizá nos paraliza el miedo a la hora de romper esos pilares...

Alberto González Vergel: El miedo y la valentía y el arrojo y el sentido independentista... el grito personal de oponerse a la mayoría... de oponerse a la injusticia, de oponerse a todo lo que nos coarta y nos reprime...

Pregunta: Ha dicho “oponerse a la mayoría”... no siempre las mayorías tienen razón, ¿no?...

Alberto González Vergel: Creo que la masa no suele tener razón...

Pregunta: ¿Por qué?

Alberto González Vergel: Porque se contamina del mal, se contaminan los deseos de oponerse al pensamiento del que tenemos al lado... es un círculo vicioso, pienso que la mayoría es muy peligroso conducirla... ahí tenemos las políticas mayoritarias, como los resultados que han dado... sea nazismo o comunismo... yo creo mucho en el individuo, en la libertad individual...

Pregunta: ¿Tal vez es en lo único en lo que se puede creer?

Alberto González Vergel: Pienso que es de las pocas cosas en las que se puede creer... en el individualismo, en la libertad del ser humano...

Pregunta: Usted tiene una larga, extensa trayectoria en el mundo del teatro... ¿Cómo ha sido esa carrera y a su modo de ver cómo ha caminado el teatro a lo largo de ese tiempo?

Alberto González Vergel: Es una pregunta muy extensa... voy a procurar resumirla... empecé en el teatro hace sesenta años. He cumplido no ya las bodas de oro, sino las bodas de platino con el teatro. Inicié mi carrera teatral como director en el Teatro Universitario de Murcia con la representación que vino a Madrid y tuvo un gran éxito de “El emperador Jones” de Eugene O’neill; luego pasé al campo profesional y en él estoy alternándolo con la realización audiovisual, porque he sido uno de los que participaron activamente en aquel mítico Estudio 1 de Televisión Española. En mi haber hay más de quinientos programas dramáticos en televisión y unos ochenta montajes, ochenta y dos, creo... Por otra parte, estimo que el teatro está viviendo una etapa no excesivamente brillante... he vivido en los años cincuenta, sesenta y setenta, incluso parte de los ochenta, una situación teatral mucho más brillante, mucho más positiva que la actual. Pienso que la representación teatral está algo deteriorada. La responsabilidad está por supuesto en la administración, que no orienta, que no encauza esa verdadera situación del teatro y por otra parte de los profesionales que cada día dan más importancia a lo adjetivo que a lo sustantivo. Para mí lo sustantivo es el actor y el público. Sin actor y sin público no hay representación posible. Podrá ser una propuesta escrita en un libro, pero para que eso adquiera corporeidad y acción dramática es necesaria la representación y ésta sin actor capacitado y un público receptivo no es posible y yo creo que ahí está el mal de la situación actual del teatro.

Pregunta: Ha comentado que lo sustantivo es el actor y el público... ¿Y lo adjetivo?...

Alberto González Vergel: Los adjetivos son los decorados, las luces, el movimiento escénico... cosas de las que se puede prescindir si hay un texto y un actor y un público receptor... de los cuatro elementos fundamentales de la representación, actor, público, director y texto; para mí lo fundamental es el actor y el público. Sin eso no es posible el hecho teatral.

Pregunta: ¿Cómo surgió la oportunidad de llevar a escena una obra como “Las Brujas de Salem” que se ha representado en España una vez y hace unas cuatro décadas...?

Alberto González Vergel: Sí... hace cuarenta años... precisamente yo, que soy bastante mayor asistí a ese estreno... que fue un perfecto, fenomenal fracaso... fue pateada... en aquel momento los espectáculos se vitoreaban o se pateaban... era un hábito que se ha perdido y que, creo, era muy positivo...

Pregunta: ¡¡Muy positivo!!

Alberto González Vergel: Creo que era muy positivo porque en el estreno se rechazaba lo que no era factible o se aceptaba entusiásticamente el espectáculo que lo era... yo asistí a ese estreno... lo dirigió Tamayo y el elenco era lo mejor de los actores y las actrices del momento... ahí estaban Francisco Rabal que daba sus primeros pasos teatrales después del éxito que tuvo con Edipo Rey, ahí estaba Dicenta, Asunción Sancho, Ana María Noé, Antonio Ferrandis, Berta Riaza, Analía Gadé... era un reparto extraordinario, pero la censura mutiló la obra de una manera verdaderamente vandálica... desapareció todo atisbo de compromiso religioso y político y entonces, claro, aquello era una caricatura de lo que es la obra y creo que parte del fracaso, gran parte de la responsabilidad del fracaso fue la versión mutilada de una manera absoluta por la censura de aquel tiempo... ésa es la razón primordial para que esta obra extraordinaria fracasara en aquel momento... lo contrario de lo que ocurre ahora que estamos llenando el teatro... es consolador hacer un esfuerzo para que los resultados sean tan positivos...

Pregunta: Es decir, que en aquella época a quien habría que patear sería a la censura...

Alberto González Vergel: Exacto, ¡¡a la censura!! A la censura y a la represión política y religiosa del momento... hay una frase capital en la obra que es “Dios ha muerto”... eso, por supuesto, estuvo vetado... esa frase y otras y otras situaciones... no digamos nada del apéndice que, prácticamente, era casi desconocido...

Pregunta: También en un momento de la obra, John Proctor dice que puede vender su alma pero no su nombre...

Alberto González Vergel: Sí, dice que lo único que le queda de todo lo que le han robado, de todo lo que le han hurtado es su nombre y no puede perderlo... y pide que le dejen al menos el nombre...

Pregunta: También Manuel Gallardo ha afirmado que esta obra se sustenta en los pilares de los dogmas, la brujería y la ignorancia... ¿El dogma y la ignorancia suelen ir irremediablemente unidos...?

Alberto González Vergel: Es la contrapartida... es la ignorancia del dogma... los dogmas, por otra parte, son siempre negativos, sean del signo que fueren... y esta obra fustiga, censura de una manera tremenda todos los dogmas...

Pregunta: Volviendo a la escenografía, usted ha afirmado que la sacristía siempre está presente para plasmar...

Alberto González Vergel: Sí, todos los escenarios están dentro de la sacristía, es decir la sacristía es el escenario que preside la acción total... todas las escenas que no ocurren en la sacristía usan el mismo escenario... están incluidas en la sacristía como una metáfora de lo dañino que puede ser la religión malentendida...

Pregunta: ¿Puede también simbolizar el poder que ha ejercido siempre la iglesia... ya que en un momento se imparte justicia en la sacristía, pasa a convertirse en un improvisado tribunal...?

Alberto González Vergel: Exactamente, hay un momento en que la sacristía es presidida por una monumental cruz que en un instante cae, destruida, precisamente por la acción dramática...

Pregunta: He leído una declaración suya en la que dice “si el teatro no palpita en el ser humano no sirve” ¿Hoy en día que es más complicado encontrar un ser humano en el que palpite el teatro o un teatro capaz de hacer vibrar al ser humano...?

Alberto González Vergel: En el panorama del teatro universal desde los griegos acá, de veinticinco siglos de teatro, por supuesto, hay textos absolutamente extraordinarios en los que palpita y sangra y vive el ser humano, lo que ocurre es que o no se representan o se representan mal y entonces claro, como realmente el teatro se da en la representación, no en el texto escrito que es una propuesta, sino en la encarnadura vital de ese texto, pues si eso se hace mal o no se hace... toda esa condición humana está oculta, está camuflada y perdida...

Pregunta: ¿Y la clave para que ese teatro palpite en el ser humano...?

Alberto González Vergel: Grandes profesionales del teatro, grandes directores, con una vasta cultura, con una penetración dramatúrgica y estética en los textos, y sobre todo y ante todo, unos fenomenales actores... capaces de dar corporeidad a esos grandes personajes escritos por los grandes autores.... es decir, profesionales capacitados para dar vida y sangre a esas propuestas autorales...

Pregunta: ¿Es difícil hoy en día encontrar esa profesionalidad?

Alberto González Vergel: Pues es... compleja... es difícil, por supuesto, porque, pienso yo, que la televisión ha barrido con los actores capacitados para hacer teatro. La televisión no exige más que un rostro y una musitación... un musitar los textos, porque existen unos micros sensibilísimos que capturan ese balbuceo oral. El teatro exige hablar y proyectar la voz para la fila segunda y para la fila veinte y para eso realmente no están muy capacitados la mayoría de los actores jóvenes. Hay que prepararlos... yo no sé en las escuelas de arte dramático si se cuida eso o no; lo cierto es que yo de unas pruebas, de un cásting como se dice ahora, desdichadamente, de unas pruebas de ciento sesenta actrices jóvenes, sólo, pude seleccionar a cuatro... por incapacidad oral, la mayoría de ellas... es decir, tienen una voz que no es apta para el teatro y no vocalizan ni proyectan... por eso uno se sienta en la fila cinco y no se entera de lo que dicen los actores... creo que hay tres condicionamientos de los cuales el espectador no puede prescindir... uno es ver, también se lleva la oscurotecnia... como yo lo llamo... no la luminotecnia... es decir, nuestros escenarios están, la mayoría de las veces oscuros... yo siempre cuento la anécdota... yo reconocí a una actriz en un espectáculo de teatro público, por la voz... porque no la vi... no se ven los rostros de los actores, no digamos los ojos... eso es un defecto de la iluminación... y por otra parte, el actor no se hace presente por la voz, porque o no vocaliza o no proyecta esa voz al público... y todo esto redunda en perjuicio del hecho teatral... el público que se sienta y paga una butaca no ve, no oye o no entiende... pues ese señor no vuelve al teatro...

Pregunta: Antes ha comentado en las pruebas realizadas, que ahora se llaman “casting”... desgraciadamente...

Alberto González Vergel: Sí, para nuestro idioma, vapuleado por el inglés... las pruebas se han hecho siempre, sólo que ahora se abusa de ellas, tal vez no se cree en los actores del momento...

Pregunta: Hay desconfianza, quizá...

Alberto González Vergel: Desconfianza y dudas absolutas, a veces... se dice, me cuentan que hay directores de cine que rechazan a actores porque hablan demasiado bien...

Pregunta: Es paradójico...

Alberto González Vergel: Se les dice “no, no habla peor. Habla como se habla en la calle”... pero bueno, la calle no es el teatro... es decir, la naturalidad no es conveniente en la escena... yo llamo a esa naturalidad la del huevo frito... es decir, no tiene nada que ver el teatro con la vida aunque sí... pero en la forma no... la forma es otra... entonces, no se le puede pedir al actor que hable peor... se le puede decir oye haces un personaje que es conveniente que no matices de esa forma, que no hables un idioma tan perfecto... pero por lo menos hacerlo inteligible...

Pregunta: Y ahí nos colocaríamos en la dualidad de “naturalidad y verosimilitud”...

Alberto González Vergel: La verosimilitud... yo abogo por eso... el naturalismo en el teatro me parece un fraude... el teatro no es la verdad absoluta... es la verdad absoluta en un sentido íntimo... en un sentido profundo, pero no en un sentido externo... hablar naturalmente en un escenario es dejar de oír lo que dice el actor en la fila ocho... ya no se oye... si se habla como en la vida...

Pregunta: ¿Cuáles son sus próximos proyectos, qué le queda por hacer aún?

Alberto González Vergel: Me queda por hacer la obra con la que pienso decir adiós al teatro...

Pregunta: ¿Cuál es?

Alberto González Vergel: “la prudencia en la mujer” de Tirso de Molina, pero con una versión muy muy muy cercana y próxima a la situación sociológica y política que vivimos...

Pregunta: ¿Qué situación es ésa?

Alberto González Vergel: La desmembración de España, por ejemplo... el peligro de volver a los reinos de Taifas, el peligro de los nacionalismos... todo eso es fustigado por Tirso de Molina en el siglo XVII... en que hubo una región española que estuvo a punto de lograr la independencia, apoyada por el Conde Duque de Olivares, el nefasto Conde Duque... y por el Cardenal Richelieu y precisamente, lo he estudiado en un ensayo maravilloso de Ruth Kennedy, una profesora de una universidad norteamericana que tiene un ensayo sobre “La prudencia en la mujer” y la sociedad que la produjo... y ahí se explicita que Tirso de Molina acudió a los corrales para dar información al pueblo español de lo que es estaba fraguando... se produjo tal algarabía y tal respuesta popular a ese hecho que se impidió... el teatro impidió que eso se produjese... ese tema está implícito por deseo del autor en “La prudencia en la mujer” y yo quiero sacarlo a la luz, porque es de una actualidad y de una vigencia que parece que está escrito para nuestra sociedad...

Pregunta: ¿También esta vez el teatro pueda “salvar” a este país...?

Alberto González Vergel: Salvar... no, es excesivo pero sí alertar a nuestro pueblo de lo que puede fraguarse que es cinco siglos de historia desintegrados por la apetencia de determinados nacionalismos mal entendidos... Yo desearía decir adiós con este clarinazo, con este toque de atención “Político” de “La prudencia en la mujer” de Tirso.

Sofía Basalo.


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